Fotografía de arquitectura sin arquitectura

La fotografía en general, se cataloga de buena o mala en función del estímulo que le llega a quien la contempla.

Para el observador amateur, esta catalogación suele estar relacionada con el motivo de la imagen. Una fotografía de un lugar exótico, de una tribu desconocida, o de un animal en el Ngorongoro muchas veces es criticada como buena aun teniendo una composición y una luz nefastas. En contraposición, una imagen de un rincón, una familia común europea o un perro carente de exotismo, pasa más desapercibida aún tratándose de una fotografía correcta, bien compuesta y con una luz estudiada. 

Dicho esto, surge la pregunta sobre cuál es el santo grial para una buena fotografía. 

Se ha hablado muchísimo sobre esto, y no seré yo quien ose afirmar tener la respuesta. En mi humilde opinión diría, que es quizá el fotógrafo o la fotógrafa quien debe, aun partiendo de una escena sin interés aparente, crear una imagen no sólo correcta técnicamente, sino también atractiva, digna. 

Tal y como escribe Joan Fontcuberta en su libro El beso de Judas, Fotografía y verdad (Ed. Gustavo Gili,1997).

“El buen fotógrafo es el que miente bien la verdad”

A mi entender, una buena fotografía es aquella que de un modo u otro me transmite emociones tanto con la forma como con el fondo, o sea, en conjunto.

Arquitectura sin arquitecto
Arquitectura sin arquitecto
Arquitectura sin arquitecto

En los últimos tiempos, uno de los encargos que he realizado, ha sido muy diferente en forma y figura de los demás. 

Consistió en una serie de reportajes para una asociación de agricultura y ganadería. Querían fotografiar sus instalaciones de manera limpia, pulcra y aportándoles el prestigio que merecen. 

La diferencia con otros encargos, es abismal. Pasando de fotografiar unifamiliares reformados, bodegas monumentales, interiorismos glamurosos… con sus paredes blancas, sus cuidadas mezclas de materiales y sus acabados pulcros, a fotografiar pabellones, granjas, invernaderos y almacenes para grano.

Las fotografías resultantes me hicieron pensar en el libro ARQUITECTURA SIN ARQUITECTOS, escrito por Bernard Rudofsky en 1964 y reeditado recientemente en castellano por la editorial Pepitas de Calabaza. Este ensayo dedica sus páginas a la arquitectura sin pedigrí. Entre sus párrafos, se encuentra uno que dice así: 

(…) Otro tipo foráneo de espacio comunal vernáculo es el de los almacenes de alimento. En los países en los que la comida se considera un regalo divino, en vez de un producto industrial, los graneros son imponentes. Tanto que los no iniciados los toman por edificios eclesiásticos. (…)

Fotografía aspersores. Paisaje
Arquitectura sin arquitecto
Arquitectura sin arquitecto

Al enfrentarme con mi cámara a esta arquitectura sin arquitectos, me maravillaba de la luz, la forma y el color que generaban el trigo o la cebada. Éstos dan uso a pabellones en principio carentes de estética arquitectónica. Era justo a esto a lo que se refería Bernard Rudofsky  al hablar de arquitectura sin pedigrí y entendí, que era mi turno  para realizar Fotografía de arquitectura sin arquitectura.

Arquitectura sin arquitecto
Arquitectura sin arquitecto
Arquitectura sin arquitecto

Y es que la belleza de este tipo de fotografía es justo eso, mirar con atención una construcción de la índole que sea, no solo verla, sino mirarla. Ver cómo la luz le aporta o le quita valor dependiendo del momento, entender la utilidad de cada rincón, empatizar y valorar su uso y sacar su mejor perfil.

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